Las huellas del orfismo en Platón

“¿Cómo ha advenido la razón sobre la tierra? Por supuesto, que, de una manera irracional, obra de un azar. Habrá que descifrarlo como se descifra un enigma”

Nietzsche (Aurora, II.123)

Antes de nada, era el enigma. Luego, de éste, surgió la irracionalidad cotidiana en forma de mitos; de los cuales, el tracio Orfeo y su lira sobresalieron dando lugar a fenómenos de sincretismo cultural y religioso, cuyo efecto trascendió la Helade, incluso el tiempo de Chronos, llegando hasta nuestros días. Los órficos creían en la reencarnación, en la figura eterna del alma; y su producción literaria culta en contraposición a Zeus, significó una orientación creadora de otros mitos. Mitos de salvación que se justificaron mucho tiempo después con las proyecciones del cristianismo o el islamismo. Antes del iranismo arcaico, de Ahura Mazda y el nacimiento de Zaratustra (del que bebe posteriormente Orfeo) podemos elucubrar sobre los sueños del mundo primitivo, del que tuvieron que aflorar los relatos más maravillosos. De la cuna de la civilización surgen los mitos, y, sin duda, Orfeo fue el dios-mortal que más influyó en el advenimiento de la razón (por un efecto, de contraposición)

Fue en las aguas azules de Mileto, con el concurso de los siete sabios, el famoso eclipse de Tales, y los demás pensadores de la Naturaleza (Anaxímenes, Anaximandro, etc.) hace ya más de dos mil quinientos años. Pero, fue el pensamiento mixto de Empédocles de Agrigento, la influencia de la secta pitagórica, y el primer gran filósofo: Sócrates-Platón, quienes se vieron ciertamente atrapados en la tela de araña órfica. Y el punto más interesante es, precisamente, el engranaje del culto mistérico en la filosofía griega; porque es el mismo Platón el que se encargará de ello. Por supuesto, con matices y una ambigüedad manifiesta. Esta última se debía al desprecio que sentía el filósofo griego por los ritos iniciáticos y las prácticas de algunos charlatanes que prometían al fiel un sitio en el otro mundo. La diferencia estriba, en este caso, en que los iniciados son los verdaderos filósofos. Por tanto, para Platón prima ante todo el carácter simbólico del mito. El filósofo, amante de la verdad y del conocimiento, es el único capaz de extraer el jugo del fruto del enigma: el conocimiento que encierran los mitos.

El orfismo es una forma de entender la religión griega con fines escatológicos, variante del dionisismo, que acepta una serie de componentes pitagóricos y que tiene muchos puntos en común con el ámbito eleusino y otras religiones mistéricas. Los órficos consideraban que el alma humana era inmortal, pero se encontraba manchada por un pecado antecedente (relacionado con el mito de la devoración de Dioniso por los Titanes y su posterior fulminación por parte de Zeus, habida cuenta de que el género humano procedía de las cenizas de estos perversos seres) De ahí que el alma debiera sufrir una expiación que excedía los límites de una vida humana, y pasaba por un largo ciclo de transmigraciones hasta que Perséfone aceptaba dicha expiación y permitía que se liberara del círculo de reencarnaciones, llevando entonces una vida feliz en el Hades, en una especie de permanente banquete de justos.

Los que predicaban ese modo de entender la religión al que llamamos orfismo, consideraban posible acelerar el proceso y prometían un destino mejor en el otro mundo a las almas de aquéllos que mantuvieran una determinada forma de vida guiada por una pureza ritual, de la que eran condicionantes necesarios la iniciación, el vegetarianismo, la abstención de tocar nada procedente de un animal muerto, y la entrada en éxtasis (con ayuda del vino y/o sustancias opiáceas y psicotrópicas) Las laminillas órficas nos ofrecen testimonios bastante claros de este cuadro en el que la pureza es un elemento indispensable, pero en el que tienen un valor especial los ritos de iniciación y el conocimiento de determinadas “fórmulas” o “contraseñas”, esto es, una serie de actuaciones más bien externas, formales.

Pero llegados a la filosofía de Platón, a partir del Gorgias, se comenzó a conceder valor al mito y, de hecho, el ateniense lo empleó de manera constante adjudicándole una gran importancia. Está claro que Platón resume una teogonía órfica planteada en el Timeo, como lo confirma el propio filósofo por una cita del Crátilo, en la que cita dos versos que atribuye explícitamente a Orfeo, y en los que se dice que Océano inició las bodas uniéndose a su hermana Tetis. Lo cual debe interpretarse no como que fueran la primera generación de dioses, lo que evidentemente no es cierto, sino que fueron los primeros dioses en generar a sus descendientes mediante la unión sexual.

 Platón hace una referencia en Leyes a la Justicia como compañera de Zeus, que tiene todos los visos de proceder de una fuente órfica, y es que lo simbólico entra en el plano de la ontología política, que como sabemos en el caso del filósofo griego, derivó en metafísica, una utopía frustrada comunista de la polis.

 En algunos pasajes incluidos en Leyes, República y Fedón, se habla del juicio de las almas en el más allá y de los castigos que sufren los impíos y no iniciados tanto en el Hades, como en su nueva vida en la tierra tras encarnarse en un nuevo cuerpo. Ideas que, como delatan distintas fuentes, son de clara procedencia órfica.

 La vision adivinatoria del poeta inspirado (Orfeo) bebe del caudaloso río Mnemosyne, madre de las musas y diosa de la Memoria, que concede al poeta (como al adivino) el privilegio de ver la realidad inmutable y evocar sus recuerdos, poniéndole en contacto con el ser original, del que el tiempo no descubre sino una ínfima parte para ocultarla enseguida. Esta función reveladora de lo real, atribuida a una memoria que no es, como la nuestra, sobrevuelo del tiempo, sino evasion del tiempo, la hallamos de nuevo transplantada en la amnesis filosófica: la reminiscencia platónica. Ésta permite reconocer las verdades eternas que el alma ha podido contemplar en una migracion en la que estaba liberada del cuerpo. Segun Vernant, en Platón aparece con absoluta claridad la conexión entre una cierta nocion de la memoria y una nueva doctrina de la inmortalidad que contrasta fuertemente con las concepciones helénicas del alma desde Homero hasta los pensadores jonios.

 Platón sigue, en suma, una línea que vemos iniciarse en otras obras del siglo IV, como el Papiro de Derveni, en el que un comentarista anónimo analiza una teogonía órfica a la luz de la filosofía presocrática, mediante un método etimológico-alegórico. Un método que llegará a sus máximos extremos en los filósofos neoplatónicos, consistente en buscar detrás de los poemas órficos, en apariencia ideológicamente deleznables, mensajes ocultos de una profunda filosofía.

 Sin embargo, a la hora de establecer el origen exacto de las referencias platónicas nos topamos con la premeditada imprecisión del filósofo, quien continuamente enmascara su fuente tras expresiones como «un relato antiguo» (Leyes, Fedón), o como dicen «los poetas inspirados por los dioses» (Menón). Por otra parte, la mención de la sabiduría de estos personajes recuerda al texto de Gorgias, en el que Platón habla de la teoría órfica del soma/sema que había escuchado a uno de los sabios. Tal juego de palabras, según Platón, lo ideó cierto hombre ingenioso que podría ser identificado con algún intérprete de los textos órficos. A esto se contrapone la crítica que hace de los “sacerdotes mendicantes y adivinos” en República sobre los profesionales órficos que se dedican a engañar a los fieles.

En Leyes, Platón recrudece sus críticas y llega a establecer, incluso, fuertes medidas legales contra quienes llevaran a cabo ritos privados. Tales personas eran consideradas, para él, como hombres perversos que inducían a la superstición y al miedo a la población. Estos individuos, de los que Platón afirma estar llenos de mentira y engaño, son relacionados con los sofistas, los tiranos, y demás personajes, objetivo de sus invectivas en diversos pasajes de su obra.

El filósofo ateniense mantiene con el orfismo una relación ambigua de amor-odio, de aprecio de algunos de sus hallazgos místicos y, por otro lado, de indignación por sus rasgos más groseros y menos “moralizados”: unas veces se burla de la grosería de sus formas religiosas, otras, cita pasajes de la tradición literaria órfica como materia literaria; cita de conocedor, otras, las interpreta simbólicamente recurriendo a la mediación del método etimológico-alegórico de manera muy variable.

De las Teogonías ha tomado elementos accesorios, literarios, una genealogía “podada” de la Noche, que inserta en la parte menos original de su especulación teogónica, en el Timeo. No deja de criticar la brutalidad y los aspectos más impresentables del relato, pero se siente atraído por una cierta visión de Zeus como principio, fin y centro (Tríada de Micerino egipcia; Tríada pitagórica, matemática y musical; Triple Diosa neopagana, Santísima Trinidad cristiana, etc.); asistido por la Justicia, que acepta, a expensas de moralizarla considerablemente.

 Mucho más es lo que toma de los postulados órficos sobre origen y naturaleza de las almas. Admite que el alma es inmortal, acepta la palingenesia: la idea de la expiación del alma y el valor de pureza (que moraliza, naturalmente) y aprovecha para insertar la reencarnación en la teoría de la reminiscencia. El cuerpo es una morada transitoria, pero no acepta la valoración del cuerpo-cárcel órfico, que prefiere convertir en la imagen de un cuerpo-sede protectora del alma (Bernabé utiliza el termino “custodia”), mientras que traslada a los deseos los aspectos más negativos del cuerpo órfico. Por supuesto, supone un destino en el otro mundo menos grosero que el festín dionisíaco órfico.

 Volviendo al principio, y fijando la mirada en la tierna configuración del logos, en aquel enigma que hay que descifrar según Nietzsche, rescato aquí un pasaje sublime del estoico Cicerón en Sobre las Leyes: “Y, por una parte, nada mejor que aquellos misterios que nos arrancaron de una vida primitiva y bárbara, y nos han llevado a un humanismo culto y refinado; y, por otra parte, las iniciaciones, como suelen llamarse. Así hemos podido conocer realmente los principios de la vida, y hemos recibido un modo de comportarnos que nos hace vivir no sólo con alegría, sino con una mejor esperanza en la muerte”.

                                                                              *  *  *

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BERNABÉ, Alberto. 

“De Tales a Demócrito. Fragmentos Presocráticos”, (traducción Diels y Kranz) Alianza Editorial.

“La teogonía órfica del papiro de Derveni”, ”Platón y el orfismo”, Universidad complutense de Madrid. (95-98)

“La poesía órfica. Un capitulo reencontrado de la literatura griega”, Tempus 0.

MARTÍN HERNÁNDEZ, Raquel.

-“El Orfismo y la Magia”, Tesis Departamento de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid. (06)

NESTLE.W.

-“Historia del Espíritu Griego”, Ariel Editorial.

OÑATE Y ZUBÍA, Teresa.

-“El Nacimiento de la Filosofía en Grecia. Viaje al Inicio de Occidente”, Editorial Dykinson.

VERNANT, J.P.

-“Mito y Pensamiento en la Grecia Antigua”, Ariel Editorial.

WEST, M.

-“Orphics Poems”, Oxford.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Joseba dice:

    Orfeo, paradigma del eterno enamorado, y del eterno descuidado…Gran reflexión sobre este culto mistérico. Convendría volver a retomar esas “huellas” pasadas para retomar el sentimiento de vida pleno, muy perdido en medio de mares y mares de consumismo y falta de valores éticos.

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  2. Así es, y ojalá los acontecimientos históricos fuesen “reversibles”. Muchas gracias por comentar. Un saludo.

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